L.A.: “Cuando una banda se hace grande parece que se autoimpone un techo”

L.A. a lo suyo y a por todas. Foto: Juan Pérez-Fajardo/I'm An Artist

L.A. a lo suyo y a por todas. Foto: Juan Pérez-Fajardo/I’m An Artist

Lluis Albert Segura va marcando lentamente cruces en su lista de haberes. Con Dualize se ha metido la escena española en el bolsillo y ha continuado dejándose caer por el extranjero. A punto de cerrar el año, habla de un 2014 centrado en los directos, pero se atreve a dar pistas de su próximo álbum.

 En la última conversación con Lluis Albert, la agenda del mallorquín con ‘Dualize’ (Dreamville/Marxophone, 2013) incluía una lista de deberes para su banda. Algunos pendientes y otros por cumplir.

Repasándolos de buena mañana en una cafetería de la calle San Bernardo, en su segundo día atendiendo a distintos medios, no cabe duda que la más importante de esas tareas, reforzar su imagen en la escena española, puede marcarse como conseguida.

“Sigo pensando que falta mucho trabajo que hacer en España. Echo la vista atrás y pienso que hemos recorrido bastante.

Ya no somos los de hace seis años, que absolutamente nadie sabía quiénes éramos, pero creo que el ritmo de trabajo que tenemos es el bueno para seguir unos años más y llegar a afianzar la empresa”, explica.

Y es cierto, el fundador de L.A. ya no es aquel fichaje algo anónimo de Universal del ‘Heavenly Hell’ (2009) que pasó desapercibido para el público en un primer momento y que ofrecía discretos conciertos en pequeñas salas de Madrid.

Gracias al EP de ‘SLNT FLM’ (Dreamville/Universal, 2012) y, sobre todo, a su segundo álbum de estudio, ‘Dualize’, el mallorquín puede plantearse cerrar el año encarando su próximo reto en la capital: un aforo de 2.500 entradas, el último peldaño en el circuito madrileño antes de lanzarse a recintos con capacidad para cifras de cinco dígitos.

L.A. ha conseguido cierto nombre en la escena independiente española, esa que, independientemente del género, llena salas de tamaño medio y garantiza asistencia a festivales, pese a lo que define como ”handicaps: cantamos rock en inglés y venimos de una isla”.

“Nuestro estilo de música no es el que se consume masivamente en el indie español”, admite Lluis Albert, que confiesa que, aunque “queda mucho trabajo por hacer” en España, “en eso están” y, además, lo hacen encantados.

Hace cinco años, explica, cuando tocaron en una pequeña sala ante un aforo reducido “aquel concierto también era un reto”. “Años después, la Joy Eslava fue como tocar en el Royal Albert Hall –y de hecho sigue siendo como tocar ahí para mi- y ahora vamos a la Riviera”.

Lluis Albert habla de algunos conciertos que ha hecho como hitos importantes de la carrera del grupo y, quizá por eso, porque ha calibrado perfectamente dónde está actualmente la banda, habla del futuro con esa calma tan mallorquina:

“- ¿Cual sería el siguiente paso?

- Veo a Lori Meyers o Vetusta Morla hacer una tercera noche en La Riviera y creo que ese es el siguiente paso”.

“La Riviera son 2.500 personas, un número que no deja de rondarme la cabeza desde hace meses, porque muchas veces pensamos: somos cuatro mallorquines que hace cinco años nadie sabía quiénes eran”, confiesa.

Seguramente hace cinco años, cuando cargaban el equipo escalera abajo en el Costello no se imaginaron que ejercerían de teloneros de Muse en Barcelona, que tocarían en el festival de Reading o que visitarían México, Chile y Argentina, como han hecho este año.

Sin embargo, y aunque sean cuatro mallorquines haciendo rock en inglés, Lluis Albert está convencido de que L.A. puede hacer frente a cualquier tipo de público sin ningún tipo de complejo o limitación.

“En España cuando una banda se hace muy grande, de repente parece que se autoimpone un techo”, reflexiona el artista, que defiende la necesidad de que su banda se quite ese complejo y no salga de gira por su país y el resto del mundo “pidiendo perdón”.

“Hay que ir a por todas y hay que posicionarse y hay que intentar estar al nivel de otras bandas. No vamos de excursionistas, vamos a enseñar nuestra música, en la que creemos y con la que vamos a hacer un pedazo de bolo”, sostiene.

Según Lluis Albert, “hay mucho complejo” queda todavía mucho complejo en una escena musical en la que menciona grupos como Love of Lesbian, Dorian o Delorean como ejemplos de cómo trabajar dentro y fuera de nuestras fronteras.

Ellos, explica el cantante, van consiguiendo dar “primeros pasos” en los distintos países que han ido visitando, trabajando lentamente, poc a poc i amb bona lletra, que dirán en su tierra, para la tarea pendiente: un hueco en la escena internacional.

De ahí que 2014 lo quiera dedicar a girar fuera de España y a entrar en el cartel de las distintas citas que se suceden durante la temporada de festivales en Europa, pese a que el cuerpo le pida sentarse a grabar de nuevo.

“Anoche estaba repasando las últimas demos que he grabado y tengo material para otro disco. Podría coger esas canciones meterme en un estudio y grabar, pero no tenemos tiempo material de hacerlo (…) no quiero grabar en una semana, me gusta sentarme y hacerlo tranquilamente”.

Con la agenda como la presenta, Lluis Albert calcula que hasta octubre de 2014 no podrán entrar en un estudio, con lo que “no podré tener en la mano un disco hasta 2015 por lo menos”.

Sí tiene claro que será un álbum “que irá un poco más allá” porque Dualize abrió “una puerta de experimentación sonora que he visto que ha funcionado y que quiero probar”, pero no si podrá contar de nuevo con Richard Swift o si adelantará algo en un EP.

“De momento creo que Dualize tiene vida todavía. Me gustaría hacer un disco por año, pero me da pena matar al disco. Ya me pasó con Heavenly Hell, creo que nos quedamos con temas como Elizabeth o Stop the clocks sin darles la presencia que tenían”.

“Las canciones de Dualize todavía tienen recorrido, tenemos un videoclip preparado para primavera con Pictures on the Wall y otras como Under Radar u Outsider se merecen un videoclip también”, explica, añadiendo la posibilidad de publicar también las demos o versiones de su segundo álbum.

Porque en realidad, su último álbum “no tiene ni un año”. “Aquí en España se consume muy rápido el single (…) en un mes ya tienes que sacar una nuevo y eso es algo que me quemó de la multinacional. Yo creo que se puede decorar y enriquecer cada disco con remixes, demos, vídeos, acústicos”.

El panorama es distinto en Estados Unidos, por ejemplo, explica Lluis Albert, donde la gran cantidad de radios y medios dedicados a la música permiten que un single se alargue más en el tiempo.

Sin embargo, parece que en Europa vamos más rápidos. “En la portada de la NME cada quincena prácticamente aparece una nueva banda del momento. Antes los Who eran la referencia durante muchos años, ahora parece que pasas un año sin sacar disco y desapareces del mapa”, considera.

En esa forma de consumir el producto musical, juegan un papel básico las plataformas de streaming, que pueden ser un aliado -pues como él mismo reconoce en sus conciertos latinoamericanos el público le conocía por Spotify o similares- o un enemigo, como lo considera Thome Yorke.

Spotify, como el resto de plataformas de streaming, son “un debate complejo”. “Si filas prim, si hilas fino, toda es una mierda, todo tiene su porqué y a todos nos sacan la pasta y por todo nos roban”.

“Si te pones a mirar si favorece o no a las bandas, yo estoy a favor de Spotify. Total la gente lo va a escuchar en otro lado, porque es tan fácil como buscar en cualquiera de las páginas donde está el disco y bajárselo”, dice, dejando claro que “España es el país de los piratas”.

“Thome Yorke, si la gente quiere tu disco lo va a conseguir, incluso antes de que lo hayas sacado, incluso antes de que lo compongas la gente ya lo tiene”, bromea. “Si hay una plataforma que vela por tus derechos… yo no he leído las cláusulas de Spotify, pero sé que la gente escucha mi disco ahí y que he vendido tickets de conciertos por tener mi música ahí”.