Nacho Vegas: “No hay oportunismo en la protesta de los músicos”

Nacho Vegas por Juan Pérez-Fajardo

Nacho Vegas por Juan Pérez-Fajardo

Es difícil resistir la tentación de un titular incendiario en una entrevista con Nacho Vegas, si es ’Resituación‘, su último álbum, de lo que se está hablando. Marcadamente político, el disco sirve de excusa para, también, escuchar qué tiene que decir el asturiano de la situación política actual.

Ha pasado un tiempo inusitadamente largo desde que el asturiano presentara su último EP, Cómo hacer crac (Marxophone, 2011) en el que ya parecía dar pistas de por dónde iba a moverse su siguiente trabajo.

Más de lo habitual, sin embargo, ha tardado Nacho Vegas en poner orden a sus nuevas canciones; él que nos tiene acostumbrado a una prolífica producción de álbumes intercalados de exquisitos EP’s.

Vuelve con Resituación (Marxophone, 2014) a incidir en esas canciones de corte pop e inspiración folk a las que nos viene acostumbrando desde La Zona Sucia, aunque quizá con algunos guiños de más a la situación política, social y económica actual.

No es la primera vez que Nacho Vegas hace canciones de marcado sentido social (ahí están, por ejemplo, Nuevos planes, idénticas estrategias, Hablando de Marlene o Canción de Isabel) por lo que no sorprende esta faceta del asturiano.

Quizá lo llamativo y lo que ha hecho que este disco se considere su trabajo más político -a pesar del ya mencionado Cómo hacer crac- es que el asturiano se moja en cada canción, posicionándose junto a o en contra de los personajes que pueblan el álbum.

Cargadas las tintas en ese posicionamiento político, Nacho Vegas reconoce que las reacciones han sido “más tibias y más negativas de lo que pensaba”. “Tengo que reconocerlo”, dice, aunque añade: “Estoy convencido de él, más que en otros discos”.

Pero vamos por partes. ¿Dónde estaba Nacho Vegas que ha tenido que resituarse en estos últimos años? “Es verdad que el título puede llevar a pensar que estaba en algún lugar y que hay un movimiento muy brusco, igual que hay una ruptura aparente entre las letras que hacía hace unos años y ahora, pero tiene más que ver con algo que sucede pensando en el oficio de hacer canciones”.

Es aprender a mirar el mundo, intentar tener la capacidad de cambiar un poco la perspectiva de los cuatro temas universales que siempre tocas de diferente manera, porque el mundo cambia a tu alrededor y corres el riesgo de acomodarte en una manera de hacer las cosas. Intentar renovar esa mirada es una manera de hacer que la música siga viva”.

Aunque Vegas se reconoce más preocupado por “aburrir a los demás” que de aburrirse él, sí que admite que con La Zona Sucia percibió “que algunas de las cosas que hacía antes me interesaban menos”.

No quería ser especialmente retorcido con las canciones. Cuando escribía canciones dejaba que se fueran escribiendo a sí mismas y se convertían en canciones río, muy retorcidas y oscuras. En estos últimos tres años intenté que la mirada de las canciones fuese más hacia fuera que hacia dentro y eso requería podarlas”.

Así, buscando la esencia de sus composiciones, Nacho Vegas ha ido siguiendo la estela de “esas canciones tradicionales que se transmiten por vía oral y que son muy sencillas, pero que tocan teclas emocionales de una manera muy pura”. Ese es el estilo de canción que compone Resituación.

El compromiso, político o social, de estas canciones, sin embargo, explica Nacho Vegas, llega solo, pues dice no concebir su oficio sin un compromiso a priori. “Cuando te dedicas a esto tienes que estar comprometido con tu trabajo: con lo que haces, cómo lo haces, cómo vinculas tu música y cómo intentas que llegue a la gente”, argumenta.

Y también, evidentemente, con las canciones, “con la honestidad con la que las estás contando e intentando no ponerte máscaras y ser completamente honesto. Eso requiere un compromiso que es la única premisa a la hora de escribir canciones y tienes que consagrarte a él”.

En este sentido, el artista pone en duda ciertos aspectos de este disco en los que unos u otros han recalado con más ahínco. “Ni creo que este disco sea el más político, ni creo que los anteriores no lo fueran en absoluto, aunque supongo que es normal que se carguen las tintas sobre algunos temas si tienen más relevancia por una cuestión de actualidad o porque dan más morbo. En otros casos se cargaron las tintas sobre otros temas que tampoco estaban tan presentes en mis discos, como las drogas, por ejemplo”.

Negar, en cualquier caso, que Nacho Vegas se moja como no lo había hecho hasta ahora en sus discos, sería absurdo. “Noto que en lugar de partir de relaciones más íntimas el disco habla más de relaciones sociales y al ser un disco de personajes las relaciones que entablan unos actores con otros son distintas a las que podían entablar en un disco como La Zona Sucia, que partía desde la primera persona, en un tono más confesional. Pero supongo que decir que es un disco político es algo reduccionista”.

De ahí, precisamente, que le preocupe que esa visión del disco haga que canciones como Luz de Agosto en Gijón o Rapaza de San Antolín se diluyan dentro del álbum, cuando son composiciones de peso en el mismo.

¿Quizá esa parte de la críticas más tibias y negativas venga de un sector algo hastiado de que los músicos protesten ahora que pintan bastos y antes callaran?

Yo no percibo nada de oportunismo en la protesta en la música, a pesar de que esto es una conversación recurrente últimamente. Al contrario, lo que me resultaría raro es que nadie hablara de lo que está pasando”.

Quieres hacer canciones y tu materia prima es tu vida, entendiendo ésta como tú en un mundo y todo lo que te rodea. Entonces tienes que hablar de lo que está sucediendo. Lo extraño era que hace diez años nadie hablara de ello, se dedicara a mirar hacia otro lado y que hubiera esta especie de resignación autoconvencida. Eso, en cierto modo, era más oportunista que ahora que la gente está hablando de ello, sin embargo nadie llamaba oportunista a quien hablaba de paseos en bicicleta cuando la gente vivía instalada en una precariedad social realmente insoportable”.

Las críticas, sin embargo, ahí quedan, más justas o injustas, merecidas o inmerecidas, para que el autor de la obra haga con ellas lo que considere. “Si una revista de la que soy lector y con la que crecí me hace una crítica negativa, como mínimo me da qué pensar y me hace cuestionarme lo que hago. La crítica sirve porque me parece importante ver lo que hago con perspectiva”.

La crítica, entonces, sirve de algo al autor, y de poco a los criticados por el autor ¿De qué sirve entonces protestar en las canciones? “Para entrar en comunión con un montón de gente. A mi las canciones me sirven para sentir que lo que se expresa en esas canciones es un sentimiento común y eso sirve para constatar que estás vivo y para empoderarte de alguna manera. Creo que esa es la función de la música popular”.

La música popular habla más de sentimientos colectivos que de sentimientos individuales o por lo menos el viaje que se hace es desde lo particular hacia lo colectivo. La música es un lenguaje previo en cualquier sociedad a los idiomas, por eso tiene tanto poder”.

Las referencias a la música popular a lo largo de la conversación no son en vano. Nacho Vegas reconoce que este es un disco de pop, entendido el género como una música llena de contrastes y de sentimientos encontrados que dan lugar al nacimiento de una canción.

Polvorado, que es una canción con una letra poco amable, pero tiene un aire de celebración, o Runrun, que es una canción muy sosegada pero que en la letra hace referencia a un mundo hostil” son dos buenos ejemplos de esa concepción de la música popular que tiene el asturiano, que admite que el folk juega un papel muy importante en sus recientes composiciones.

Como en la música tradicional, quería “desplazar las canciones desde el yo a un nosotros, hablar de personajes y utilizar canciones con estructuras un poco más sencillas, pero que apelasen a sentimientos más profundos”.

Así, Vegas ha continuado con un proceso que inició tras Actos Inexplicables (Limbo Starr, 2001) de ir deshaciéndose de la primera persona, que “te limita mucho a la hora de escribir”. “Es más factible cuando vas creando personajes y a la vez vas dándole tú voz a esos personajes. Estás hablando de ti, pero te permite distanciarte de ellos y mirar las cosas de otra manera”.

En un disco de personajes hay uno en concreto que viste de azul que no sale bien parado en ninguna de las canciones. El autor dice no haber sido consciente de ese papel de malo que le atribuye a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, aunque cree que en ciertos momentos la mirada que les dirige es compasiva, sí reconoce que no les ha dedicado sus mejores líneas.

Alguien que trabaje en la UIP y que duerma bien no forma parte del mundo que a mí me gustaría que existiera”, sentencia el asturiano, que cree que la Policía está al servicio del poder cuando reprimían manifestaciones de trabajadores en su tierra y cuando sacan de sus casas a los desahuciados. “Digamos que la represión policial visibiliza la pantomima de democracia que nos quieren vender y por eso se ha colado en las canciones”.

Unas canciones que, siguiendo la tónica habitual del estilo de Nacho Vegas exploran esa línea “que separa lo que puede estar permitido contar en una canción confesional de lo que es puramente impúdico”.

En el disco planea un poco la vulnerabilidad que tenemos todos y lo indefensos que estamos”, señala el autor poniendo como ejemplo la canción de Adolfo Suicide, “lo más cercano a una canción de amor” que hay en el álbum.

En otras, como Un día usted morirá o La vida manca, Vegas vuelve a la muerte “como una excusa para celebrar la vida”.

Nacho Vegas, blanco y negro. Foto: Juan Pérez-Fajardo

Nacho Vegas, blanco y negro. Foto: Juan Pérez-Fajardo

Al final las cosas más importantes son las más frágiles, igual que el amor, que sabes que siempre puede acabar. La vida es igual, sabes que se va a acabar y eso hace que sea inevitablemente algo muy poderoso; por eso hablar de la muerte es un buen motivo para reivindicar la vida”, al más puro estilo de Antonio Gamoneda.

Pero quizá donde mejor se perciba ese pendular sobre el lado más salvaje de la retórica sea en las referencias explícitas o implícitas a la violencia que se incluyen en Resituación. “Hay una llamada a la acción en las canciones, pero no es realmente al motín. Desde luego si hubiera una revuelta popular violenta tampoco nos pillaría desprevenidos, motivos hay, pero en las canciones está todo expresado de una manera más metafórica”.

No hay una llamada a la violencia, es más bien que tenemos que tomar conciencia de que lo que sucede sucede porque se está ejerciendo una violencia muy agresiva, y aguantar y no responder con más violencia es un ejercicio muy difícil”.

Lo que se está intentando precisamente es apelar a un sentimiento de comunidad y a una lucha colectiva, porque al final somos más, pero lo de la violencia me crea muchos dilemas. Creo que con lo que está pasando todo el mundo puede tener un problema ético con la legitimidad o no de la violencia”, señala el artista que, sin embargo, se define como una persona pacífica, aunque no pacifista.

De momento, opina, algo está cambiando en la sociedad española, en la que movimientos como la Plataforma Anti-Desahucios se revelan “como los verdaderos agentes de la transformación social, mucho más que los partidos a los que estaba encomendada esa labor”.

La esperanza es que esa voluntad de cambio se mantenga cuando las cosas vuelvan, si es que vuelven, a su cauce. “Creo que es muy difícil hacer el camino a la inversa: tomar conciencia y volver a instalarte en un discurso cómodo es más difícil que lo contrario, estar en un sitio cómodo y tomar conciencia de las cosas. “Es lo que me gusta pensar, pero -concluye- dentro de unos años volveremos a hablar”.