Rapsusklei: “En España no hay educación, ni en los colegios, ni en las casas”

Rapsusklei & The Flow Fanatics. Foto: www.boamusica.com

Rapsusklei & The Flow Fanatics. Foto: www.boamusica.com

Probada la fórmula de la banda de acompañamiento durante más de dos años, el zaragozano se ha decidido a fijar la fórmula en un álbum, ‘Reality Flow’, en el que, junto a The Flow Fanatics repasa los géneros más destacados del rap con banda, del soul al rock y al reggae aderezados de su característica verborrea y estilo vocal.

A sus 34 años, Rapsusklei forma parte de esa segunda generación de raperos que ha contribuido con sus diferentes proyectos, acompañado o no, al auge del género rap en España. Zaragozano de escuela, sus trabajos se reparten entre Fuck tha Pose, innumerables maquetas, una alianza con Hazhe y dos discos en solitario, el primero de ellos Pandemia (2010, Muffin records/BOA).

A diferencia de aquel debut sin compañía, Reality Flow (2014, Eterno Miusik/BOA) se asienta en la banda de músicos (Arecio Smith, Juan Pablo Balcazar, Antonio Torres Vega y Toni Mena) con la que el Mc se ha hecho acompañar en sus conciertos durante los últimos años y con la que, hasta este disco, había trabajado sobre todo el reggae.

Tras dos años probándose sobre los escenarios, Rapsusklei y The Flow Fanatics han decidido explorar otros géneros y estilos, desde los ritmos más duros del rock a las melodías más sinuosas del R&B o el soul, pasando por trazos de música latina y blues.

Todo ello ha requerido un cambio de hábitos en el Mc. “Normalmente escribo a capela y monto las letras sobre el ritmo, porque me imagino como debería ser la música. Con la banda ha sido al revés, primero la base rítmica y luego la letra”, explica durante la entrevista.

Aunque el resultado le ha convencido y satisfecho y aunque toda la banda ha ejercido un poco como director de orquesta de las composiciones, el rapero confiesa: “Si ahora volviera a hacer el disco, lo haría a mi estilo”.

Lo ha visto en algunas de las canciones del álbum, Con 33, Llamada en Espera o Reality Flow y Fánatico del Flow, con las que dice haber conseguido la meta que se propuso al empezar a crearlas, tanto en forma como en contenido.

“Sin ellos (los Fanáticos del Flow) no hubiese salido el disco”, dice a continuación, dejando claro que se trata más de un querer ser meticuloso con cada canción que escribe que una crítica a sus compañeros de proyecto, que le han dado la base para los 16 tracks que componen el álbum.

“Los ritmos te inspiran, desde luego, uno melancólico te inspira nostalgia y te ayuda a rebuscar lo que decir. La música te suelta palabras”, señala Rapsusklei, que ha mantenido en este trabajo “un lado poético y un lado social, un mensaje con conciencia; no para educar a la juventud, pero si para dar un mensaje positivo”.

Porque para el zaragozano el hip-hop tiene una función didáctica y moralista. “Cuando empezó todo era paz, amor, unidad y diversión, era música para pasárselo bien en las fiestas, hasta que llegó un grupo que hizo una canción que se llamaba The Message”.

Ese punto de inflexión que Rapsusklei sitúa en la canción de Grandmaster Flash & The Furious Five fue también “la honda” a la que el Mc se acogió y se acoge dentro del género. “Creo que la cultura hip-hop hace una labor muy grande y que en muchos países está ayudando a salir de las pandillas o a salir de las drogas a mucha gente”.

Sus experiencias en países como Panamá, Mauritania o Guatemala refuerzan esa opinión y le convencen de que el hip-hop requiere de más unidad y amor al prójimo. “Vamos a dejarnos de tonterías, tú haces lo mismo que yo, aunque tú hables de otra cosa o tengas otro estilo”, dice.

El problema, ya centrándonos en España, es “que nos gusta mucho el marujeo” y hablar algo más de la cuenta, opina. “Yo creo que todo parte de la educación. En España no hay muy buena educación, ni en los colegios ni en las casas. Si en tu casa te enseñan a ser buena persona ya puedes ser un analfabeto que vas a ser buena persona, pero si te enseñan a ver cómo discute Belén Esteban es lo que vas a ser”.

A juicio del músico, falta en este país, además de educación, motivación, modelos que instruyan en la lectura y la música, instituciones que se hagan cargo de lo que hoy por hoy es un gran vacío cultural e intelectual. “¿En este país qué te motiva? Si prohiben muchas de las cosas, no hay ayudas a la educación… ¿Qué hace la juventud? Se va al parque a fumar porros y a hablar de que el otro no sabe hacer nada o de lo que ha visto en la tele”.

No es, reflexiona, una cuestión únicamente de imponer nuevos modelos culturales y educativos, si no también de principios. “Puedes cambiar la mentalidad de un país, pero solo se hace con años de esfuerzo y educación. No hace falta ser catedráticos, igual eres un catedrático pero eres mala persona, pero inculcar principios es básicamente inculcar educación”.

Quizá por todo lo anterior, Rapsusklei confiesa que su “fijación” con este disco y en adelante es intentar hacer rap con conciencia, aunar en su medida justa la diversión y las letras comprometidas y el mensaje social.

En ese punto se le plantea el dilema. El estilo del zaragozano pasa en muchas de sus composiciones por una balacera de palabras, un torrente de imágenes, referencias y alusiones que no siempre son fáciles de captar en una primera escucha.

“Eso permite que lo escuchen cuatro veces y cada vez descubran algo nuevo”, dice sonriendo. “A mi me sigue pasando con canciones que llevo escuchando diez años, igual que cuando lees poesía o estás ante un cuadro muy elaborado”.

Un objetivo sin duda algo complicado en un tiempo en el que la música se consume muy rápidamente y en el que la perdurabilidad de las cosas es cada vez menor. “En las nuevas generaciones hay sobreinformación -dice- Nos pasa con las mujeres, la música, las relaciones, nos pasa con todo. Todo es de usar y tirar”.

La solución tampoco pasa por un proceso sencillo. “O te reinventas cada mes o haces música eterna. Hay canciones que envejecen como el vino y cada vez que las escuchas son mejores ¿Cómo se consigue eso? No lo sé, pero hay algo ahí que alguien ha sabido coger”.

Tirando de este hilo, Rapsusklei admite que todavía le queda mucho camino por recorrer. “Me hubiera gustado ser un crack y hacer mi mejor disco con 30, pero después supongo que habría muerto de sobredosis, que es lo que han hecho los grandes”, bromea, y aunque dice que en ocasiones volvería a empezar de cero con su carrera y aunque no ha conseguido esa “canción definitiva” que parecen perseguir muchos artistas, Rapsusklei tiene claras sus opciones: “Yo he preferido vivir mi vida, que lo mío me ha costado; pero me quedan cuarenta años por vivir. Tengo cuarenta años por delante y creo que puedo hacerlo”.