Sharif: “El rap tiene la responsabilidad de hacer algo grande”

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El zaragozano regresa a escena con un álbum tan cargado de tinta como las letras de sus canciones, en las que se deja entrever como lo que es: un amante de la buena literatura, de la palabra precisa en el momento oportuno y del arte y sus bondades.

Sobre los márgenes (BOA, 2013) es “una continuación natural de A ras de sueño” (Muffin Records, 2010) dice Sharif, “en lo que a mi me importa, que son las letras y el lenguaje”. Como la vida es movimiento y cambio, admite una evolución respecto al disco anterior “ya desde su concepción”.

“Con el camino que hemos hecho hasta aquí hemos aprendido a hacer las cosas para que el resultado sea mejor” tanto “a la hora de hilar las canciones y desarrollarlas” como en el proceso posterior de acabado y empaquetado.

“Suena más serio y profesional, por así decirlo”, afirma Sharif Fernández, que sin embargo habla de A ras de sueño sin desmerecerlo un ápice. Su trabajo en torno a ese disco es, en parte, la razón por la que la entrevista transcurre a día de hoy en las oficinas de Boa.

“Contar con la infraestructura es ya un avance, nos permite una tranquilidad y una libertad y una despreocupación por temas que no son baladíes, pero que no son puramente artísticos. Te permite centrarte en lo importante, que es pensar en las canciones”.

“Si a eso le sumas la experiencia, en este disco hemos llegado a sitios que con el anterior no habíamos conseguido”, explica el MC zaragozano, que tras haber dado sus primeros pasos en Fuck tha Posse y Tr3s Monos lleva desde 2009 trabajando en solitario.

Como él mismo admite, se encuentra en un “lugar dulce” en este momento, con varias copias del álbum recién estrenado encima de la mesa y dos días de entrevistas por delante.

“No le doy importancia a la posición relativa en la que me encuentro: antes estaba a ras de suelo, ahora sobre los márgenes, quizá en el siguiente disco esté debajo. Si hay algo con lo que quedarse es que existe un cambio, una evolución que, si no es indispensable, es fundamental y obligatoria. Me gusta estar en un sitio distinto”.

A Sobre los márgenes se le notan unos años más acumulados en las costuras de las canciones de Sharif, que sigue asomándose al tiempo y al espacio con una mirada que parte de lo personal.

“Hay veces que me molesta un poco no ser capaz de simplificar, de sintetizar y no ser tan enrevesado”, dice con media sonrisa al tiempo que considera que la música también debe servir “para llevar a las personas a otro sitio”.

“No a un paraíso artificial con flores muertas, pero sí que debería llevarte a un sitio que, sin ser ajeno a la realidad, te alivie un poco”, añade. Por eso se recrimina en parte el haberse dejado llevar por la realidad “cruel, hostil e ingrata” a la que ningún ciudadano es ajeno hoy por hoy.

“No soy ajeno a la tristeza colectiva que estamos viviendo y eso se ha reflejado en el disco de una manera que, para mi gusto, es demasiado evidente en canciones como Nada que perder o Con el grito en el suelo”, canciones en las que sale “a la superficie esa sensación de descontento generalizado, de descontento y desilusión”.

Por mucho que hubiera intentado evitarlo, explica, cualquier disco es personal y en él acaban aflorando las obsesiones de su autor. Como dice Rafael Lechowski: “Como quieres que no hable de mí si solo hablo conmigo”.

En el caso de Sharif, ese hablar de si mismo no trae consigo el egotrip y la competición a las que estamos tan acostumbrados en el rap español. “La competición no es que me cansara, es que nunca me convenció”, sentencia el MC, que recuerda cómo creció con cierto “estigma” por la opinión que su madre tenía del hip-hop.

“Yo sentía que era una música con tanta fuerza, pasión y corazón que quería compartir eso con mi madre, pero ella veía que era una música en la que no paraban de insultarse y competir. Por eso crecí pensando que el rap sirve para algo más que eso. Me gustaría que existiera un rap que pudieras ponerle a cualquiera y todos dijeran ‘coño, esto es música’”.

No se le malinterprete. “Si hay que cagarse en la puta en una canción se hace, pero yo hablo de lo inmortal de la música y creo que se puede hacer un rap así. El rap puede hacer algo mucho más grande, es su responsabilidad”, matiza.

Sharif no puede negar que sus canciones persiguen cierta trascendencia, como el mismo la busca en la literatura. “Aunque la literatura y la música convergen en ese punto, la literatura es mucho más innortal que la música”, reflexiona este músico que estudia Filología y que compatibiliza sus canciones con distintos trabajos más mundanos que le dan de comer.

“Pero es que en la música existen ejemplos de canciones inmortales -continúa- Joaquin Sabina es un ejemplo y en el rap te puedo hablar de Kase.O. Hace más de 15 años se escribió A solas con un ritmo y lo sigue rapeando a día de hoy y se sigue follando al 80 por ciento del rap nacional, en el cual estoy yo”.

Se hace en este punto una pausa en la conversación para hablar de Kase.O ¿Cómo se rapea en Zaragoza después de que lo haya hecho Javier Ibarra?: “No queriendo mejorarlo. Una de las cosas que nos ha dado Kase.O es, bajo mi punto de vista, ahorrarnos la satisfacción de competir, nos ha permitido la libertad de saciarnos a nosotros mismos. Como él está ahí no puedes competir. Por utilizar un oximorón, Kase.O es un dictador magnánimo”.

Es solo un ejemplo -un gran ejemplo- pero sirve para que la conversación vuelva a la literatura y el arte. “La inmortalidad existe en el arte, de hecho, la consigue sin perseguirla, porque en el fondo lo único que intenta es representar la realidad de un momento puntual y exacto. Pero cuando consigue representarla de una manera tan perfecta que la obra de arte supera la realidad que le sirve de escenario se termina haciendo inmortal”.

“Eso es a lo que creo que debe aspirar la música, igual que la pintura o la escultura, es la responsabilidad que tiene”, afirma Sharif, que en ese proceso egoista que es la creación artística busca “una frase que estremezca”. Quiero escribir un verso inmortal que se entienda sin lenguaje, canta en Sobre los márgenes pese a que rechaza el calificativo de poeta, para él y para el resto de raperos.

“Estudias a Celaya, María Zambrano, Unamuno y te das cuenta de que es demasiado ambicioso y pretencioso decir que los raperos son los nuevos poetas. La poesía y el rap tienen puntos en común, pero la poesía responde a un gran sentimiento social de solidaridad y el rap tiene mucho más de ego que de solidaridad”.

A través del cristal. Foto: Rubén Mefisto/www.boamusica.com

A través del cristal. Foto: Rubén Mefisto/www.boamusica.com

“El rap no es solo ego, hay muchos artistas que no hacen solo canciones de ego, pero el epíteto de poetas es demasiado pretencioso, está bien decirlo como recurso, pero de hombre a hombre, con seriedad, no me atrevo a considerarme un poeta como lo fueron Alberti, Guillén o Lorca. Los raperos somos más bien aprendices de brujo”.

Sin embargo, hay algo que el rap y la poesía comparten y es la obsesión por dar con esa frase, dice Sharif, en un proceso creativo similar, que en el caso de los poetas Jorge Luis Borges definía como la inminencia de una revelación y que el zaragozano describe como una vibración interna.

Fito dice que en el fondo todas las canciones son la misma y yo creo que en todas las canciones se dice lo mismo con distintos versos”. Cuando escribes una canción, señala, siempre buscas lo mismo: dar con esas emociones que son también las mismas desde el principio de los tiempos.

Para encontrarme tuve que perderme, tuve que aprender a desprenderme y ahora voy un poco más libre, un poco más triste, en busca de una frase que ya sé que no existe, recita Sharif, que define su último trabajo como “un bonito viaje a ninguna parte”.

“Hay rumbo, pero no hay destino, lo importante es el lastre que te llevas. No quiero ni vencer ni convencer, quiero disfrutar del viaje, porque si haces eso la vida ya habrá sido de provecho”.